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Ibrahimovic, una estrella sin fecha de caducidad

Zlatan Ibrahimovic posa para una entrevista en The Guardian. / Foto: The Guardian

Zlatan Ibrahimovic (3 de octubre del 1981; Malmö, Suecia), es cierto, puede hacer cosas imposibles. Puede marcar de tacón desde el córner o puede colocarla en la escuadra desde la otra área. Algunos de sus goles quedarán para siempre. Tan polémico como genial. La noticia de su descaro, en cualquier caso, no es novedosa; lo es, sin embargo, que casi siempre se sale airoso de sus duelos particulares, hasta el punto de que todas las jornadas, ofrece un recital recogido y emitido por las televisiones mundiales. Entonces, como a él le gusta, como ya hacía en el Milan, en el Barça, en el Inter, en la Juve, en el Ajax, en Malmoe y el Balkan, abre los brazos y espera a que los demás compañeros se le abalancen encima, se le cuelguen, literalmente, dada su altura (1,95 metros).

“Ibra es así”, dijo Adriano Galliani, vicepresidente del Milan, cuando el delantero sueco se encaró con una periodista porque le molestó su pregunta. “¿Qué miras? ¡Vete a casa a cocinar!”, le espetó. Al día siguiente, la reportera recibió 19 rosas, como los goles que llevaba por aquel entonces el delantero, pero sin ninguna nota firmada. “Ibra funciona así”, dice él, que a veces habla de sí mismo en tercera persona. Ibra es así, dicen en el club rossonero. Y se lo perdonan. Pero así ¿cómo? Así de enfadado. Así de indisciplinado (12 rojas en su carrera). Así de directo. Y sobre todo, así de decisivo. A sus 34 años, 224 goles en 329 partidos. Genio Zlatan.

Ibrahimovic durante un partido con el PSG. / Foto: PropuestaZero

Ibrahimovic durante un partido con el PSG. / Foto: PropuestaZero

De repente, las cámaras del estadio le enfocan para dar relieve en los videomarcadores a su nariz egipcia y pelo de samurái, gesto hierático y desafiante. Entonces, la multitud le aplaude en reconocimiento a su fútbol. Ganar, sobrevivir, luchar. Rabia, venganza, odio. No había aprendido otra cosa Zlatan en su infancia en un barrio de inmigrantes en el que robaba bicicletas y todo lo que podía en unos grandes almacenes. El carácter hosco de su padre, un albañil bosnio con las cicatrices de la guerra, germinó en él. Todavía revive ese “dolor inolvidable” que sentía cuando abría la nevera y solo había cerveza. “En mi casa no nos dábamos abrazos. Nadie te preguntaba cómo te había ido el día, ni te ayudaba con los deberes. Había que enfrentarse a las cosas solo; si alguien te trataba con crueldad, no valía lloriquear, había que apretar los dientes. Había peleas y me llevé una buena ración de bofetadas. Solo sabíamos ser duros”.

Sus primeros pasos con la selección

Zlatan Ibrahimovic y Henrik Larsson en sus inicios con Suecia. / Foto: AFP

Zlatan Ibrahimovic y Henrik Larsson en sus inicios con Suecia. / Foto: AFP

Sus inicios no fueron del todo fáciles, y llegó incluso a apartarse voluntariamente de la selección durante seis meses, después de que el seleccionador Lars Lagerbäck lo sancionara por llegar tarde a una concentración junto a otros de sus compañeros. En 2008, viajó con la selección a la Eurocopa, siendo titular en los partidos de fase de grupos, donde marcó dos goles (a España y Grecia), pero sin la suerte de clasificarse a la siguiente ronda. Ya en 2009, asumió la responsabilidad de ser el capitán de la selección, que logró clasificarse para la Copa Mundial del 2010, e hizo que posteriormente Zlatan anunciara su retiro. Pero, 6 meses más tarde, publicó que volvía para disputar la fase de la clasificación para la Eurocopa de 2012. Aquí, logró marcar 5 goles que ayudaron a su selección a lograr la clasificación, pero en el campeonato no consiguieron pasar de la fase de grupos de la Eurocopa disputada en Polonia y Ucrania.

Para la Copa del Mundo de 2014, su selección se enfrentaba a Portugal para conseguir el pase a la competición, pero no pudo vencer a la selección de Cristiano Ronaldo a doble partido, y se quedó fuera de la copa. Aun así, este año conseguiría ser el máximo goleador de Suecia con 50 goles, superando a Sven Rydell. Ahora mismo, su selección ha logrado el pase a la Eurocopa del 216. Ibra ha sido el segundo máximo goleador en esta fase clasificatoria con 11 goles, por detrás de los 13 de Lewandowski.

A nivel de clubes

Ibrahimovic celebra un gol con el Malmö. / Foto: El País

Ibrahimovic celebra un gol con el Malmö. / Foto: El País

En cuanto a los clubes que ha militado, que no son pocos, Ibra empezó su carrera profesional en su ciudad natal, debutando en el Malmö F.F. el 1996. Empezó en las categorías inferiores, desde los 8 años, hasta debutar en el 1999 en el primer equipo, siendo el máximo goleador con 12 goles en el año 2000. En 2001 ya fue nombrado por la revista Don Balón como uno de los 100 mejores futbolistas jóvenes del mundo. Ibrahimovic ya apuntaba alto.

Posteriormente, fichó por el Ajax de Ámsterdam por 7.8 millones, un equipo holandés dirigido por Ronald Koeman, en el que acabaría logrando dos Eredivise, una Copa y una Supercopa. Este fue el club que hizo que Ibra debutara en la UEFA, llegando a semifinales hasta perder contra el Milán. Además, en 2004 marcó un golazo que fue catalogado por Eurosport como “Gol del año”. El verano de este mismo año dio el paso a un gran club, la Juventus (Italia), por 19 millones de euros y a las órdenes de Fabio Capello. Su valor se había duplicado. Consiguió dos Scudettos y fue nombrado el futbolista extranjero del año en la Serie A, y mejor futbolista sueco del año. Pero los problemas internos enviaron al club a Segunda División por fraude deportivo, quitándole las dos ligas conseguidas al club, y el sueco decidió marcharse a uno de sus rivales, el Inter de Milán. Llegó por 24’8 millones, cobrando 12 millones al año, y logró ganar dos veces la Serie A y una Supercopa de Italia, siendo también elegido el mejor futbolista de la liga italiana y consiguiendo ser el capocannoniere (máximo goleador) de la Serie A. Además, formó parte del equipo ideal de la UEFA por primera vez. Con este club, también le otorgaron otra vez el “Gol de Año”.

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Pero Ibra iba a dar otro gran salto en su carrera. El verano de 2009, se marchó de Italia para venirse a España, concretamente al FC Barcelona, club que pagó una gran cantidad por hacerse con sus derechos (46 millones + Eto’o), siendo el fichaje más caro hasta ese momento, valorado en un total de 71 millones. Aquí logró una Supercopa y una Liga en su primera temporada. En su primer año marcó 22 goles, pero en su segunda temporada, no gustó al club y se marchó otra vez a Italia, cedido al AC Milán, para conseguir otra Serie A y la Supercopa italiana, volviendo a ser capocannoniere. Su talento llegó hasta Francia, y el París Saint Germain se lo llevó en 2012 por un traspaso de unos 37 millones de euros, siendo el jugador más caro de la historia en cuanto a transferencias, y cobrando 14 millones al año (el segundo mejor pagado por detrás de Eto’o). Hasta el momento, permanece en el club francés, ganador ya de la Ligue 1 de esta temporada 15/16. Pero Ibrahimovic ha advertido estos últimos días: “Por ahora, la temporada que viene no estaré en el PSG, pero si sustituyen la Torre Eiffel por una estatua mía, prometo quedarme”. El ilustre sueco todavía tiene gasolina. El hombre que pudo con los nervios de Guardiola, seguirá coleteando su fútbol por los estadios del mundo. Ibracadabra en estado puro.

Cristian Añó / @Cristian7_am

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