Tócala mago, tócala Valerón
Gran Canaria es tierra tropical, un lugar paradisiaco para vivir y para desconectar. Los canarios se caracterizan por esa alegría que parece venirles innata de la tierra en la que viven y del aire que respiran, pero hay un lugar de la isla donde parece haber brotado una fábrica de futbolistas con un talento en común casi extinto: la magia.
En un puerto de pescadores nacieron dos paisanos ilustres del archipiélago canario: Juan Carlos Valerón y David Silva, dos medias puntas con una clase extraordinaria y de los que ya no quedan. Los sistemas actuales de juego modernos han derivado en centrocampistas e interiores para tener y retener la pelota y es que, la figura del ‘10’ argentino “potrero” está casi extinguida con el adiós reciente de Juan Román Riquelme y Pablo César Aimar, pero en España todavía colean los pases dibujados por las delgadas piernas del ‘Flaco’ Valerón, que cumplió hace unos dias frente al Getafe su partido número 400 en Primera División.
No hay mejor versión española de Zidane que la de Valerón. En ocasiones injustamente rebajado por su aire melancólico y su falta de pegada mediática, este canario de toque y zancada sosegada tiene un satélite en el cerebro que le permite tener una panorámica privilegiada del juego. Lo ve y lo ejecuta con eficacia, con una falsa sencillez y sin necesidad de los gestos circenses -dentro o fuera del campo- que falsamente perfuman a jugadores de medio pelo.
La Ensaimada mecánica

Su historia comenzó en 1994 cuando debutó en el equipo de su vida, la UD Las Palmas, militando en Segunda División B. Tras su paso por tierras canarias y lograr el ascenso con dicho club, el futbolista decidió volar hacia otra isla. Su nuevo equipo iba a ser el RCD Mallorca (1997) –que ha cumplido cien años este mes de marzo- un equipo apodado “la ensaimada mecánica” y comandado por el técnico Héctor Cúper, con quien realizó la mejor temporada de su historia llegando a la final de la Recopa de Europa que perdió frente al conjunto italiano de la Lazio por 2-1 y consiguiendo la clasificación para la Liga de Campeones de la siguiente temporada.
El descenso rojiblanco

Tras el exitoso periplo en las Islas Baleares, valiéndole tan solo un año para demostrar su valía, el Atlético de Madrid se fijó en el centrocampista y decidió incorporarlo a sus filas, donde consigue hacerse rápidamente con la titularidad. Lo cierto es que los objetivos deportivos ni mucho menos fueron los deseados, ya que en la temporada 1999-2000 se consuma el descenso de la entidad madrileña a la Segunda División española donde retornaría dos años después, ya sin el canario en sus filas.
Magia en el teatro de Riazor

El descenso de los rojiblancos propició la salida de muchos jugadores y Juan Carlos fue uno de ellos, situación que aprovechó el RC Deportivo de la Coruña – club donde pasaría sus mejores años- para hacerse con sus servicios. En aquel “Super Depor”, el de Arguineguín estuvo un total de trece temporadas donde ganó la Copa del Rey del mítico “centenariazo” ante el Real Madrid en el Santiago Bernabéu la temporada 2001-02 y dos Supercopas de España en los años 2000 ante el Espanyol por 2-1 y en 2002 ante el Valencia por 4-0 y una Copa Intertoto en 2008.
La etapa del canario en el norte de España destaca sin duda por dos caras: la de sus exhibiciones en la Champions del 2004 con una exhibición de pases en el Estadio Olímpico de Múnich y en la vuelta de los cuartos de final ante el Milan donde el “Eurodepor” le remonta un 4-1 al Milan de Ancelotti donde ‘el mago’ anota un gol. La otra cara de la moneda es más amarga, ya que en el Deportivo sufrió una grave lesión en el ligamento cruzado anterior de la rodilla, que le tuvo apartado durante dos años, de 2006 a 2008, sufriendo en 2007 una recaída el día de su vuelta a Riazor.
Regreso a la isla

Tras disputar 289 partidos con los blanquiazules y consumarse el descenso a Segunda División en 2013, meditó su retirada pero finalmente acabó recalando en las filas de la UD Las Palmas donde volvió a jugar en Primera. Los campos de la categoría de élite del fútbol español podrían seguir disfrutado de Valerón. Así lo han hecho y lo están haciendo con su regreso. Los aplausos son un constante, los halagos llegan con cada conexión que realiza con el esférico, las ovaciones se repiten cada fin de semana. Los últimos partidos del ‘21’ sobre los terrenos de juego a la edad de 40 años son siempre una fiesta. De videoteca. De recuerdo. De fútbol vintage en el fútbol moderno.
Hoy, Valerón es el ídolo de una generación de aficionados al balompié que quedaron prendados de su talento. Por los sitios por los que ha pasado, su aroma sigue siendo un agradable sentir cada vez que alguien habla de ‘El Flaco’. Sin ir más lejos, en A Coruña es, junto a su compañero y amigo Manuel Pablo, una institución. Andrés Iniesta ya lo dijo: “pagaría una entrada por ver jugar a Juan Carlos Valerón”. Eterno canario. Eterno mago.
Alberto Moreno / @Alberto9Moreno

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